Tema: "Como liberar su Fe
Autor: Kenneth Hagin
CAPÍTULO UNO:
"TRES CLASES DE CONFESIONES".
“ Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:10.
Hay tres clases de confesiones mencionadas en el nuevo testamento. Jesús hizo una declaración muy importante en San Juan 16: 7-11 “ Pero yo os digo la verdad...os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el consolador no vendría a vosotros, más si me fuere os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”
Observe que dijo: “ De pecado, por cuanto no cree en mí”. Aquí Jesús nos muestra que el pecador será convencido de un solo pecado por el Espíritu Santo: “Por cuanto no creen en mí”. Cuántas veces no hemos exigido que el pecador confiese todos los pecados que haya cometido para ser salvo. De hecho, no podría confesar todos sus pecados por no poder recordar todo lo que ha hecho. La confesión principal que el pecador tiene que hacer es: El señorío e Jesús.
La segunda confesión en el nuevo testamento es la confesión de pecados del creyente cuando éste a perdido su comunión con Dios. La pérdida de la comunión muchas veces causa enfermedades. “confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” Santiago 5:15
La tercera clase de confesión es la confesión de nuestra fe en la Palabra, en Cristo y en Dios el Padre.
Hay una distinción importante entre los pecados de los judíos bajo el primer pacto, a los cuales Jesús y Juan el bautista se referían y los pecados del pecador que nunca ha conocido a Cristo. Dice San Mateo 3:5-6: “y salía a él, Jerusalén y toda Judea y toda la provincia alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”
Aquí vemos el pueblo del pacto de Dios confesando sus pecados y siendo bautizados por Juan. Este no es el bautismo Cristiano. Jesús no había muerto aun, ni había resucitado. Juan no bautizaba en el nombre del Padre, y del hijo y del espíritu Santo; bautizaba en el nombre del Padre. Estos creyentes eran judíos bajo la ley.
Hechos 19:18 : “ y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuanta de sus hechos”. Estos eran pecadores gentiles. No dice qué confesaban, pero se ve que confesaban las artes mágicas que practicaban. No confesaban estas cosas para ser salvos; ya eran salvos. Siendo salvos, les era más fácil hacerlo.
Tantas veces se hace al revés; diciendo a los pecadores que dejen esto y abandonen aquello. Pero el individuo tiene que aceptar el dominio de Jesús, y las demás cosas se arreglarán por sí mismas.
Un misionero del la Iglesia Cuadrangular me contó del avivamiento que comenzó en el Brasil en 1956, cuando 268.000 personas fueron salvas y casi 100.000 fueron bautizadas en el espíritu Santo. Eso sí que es un avivamiento, y más aun que al ver que el 99% de la gente eran de la iglesia Católica Romana.
El aludido me dijo lo siguiente: “habiendo pasado siete años en el Brasil, teníamos un pequeño punto de misión con unas treinta y siete personas en la escuela dominical. Comencé a dedicar tiempo al estudio de la palabra de Dios, al ayuno y a la oración. El ayuno y la oración de por sí no trajeron los resultados; yo tuve que ajustarme al plan de Dios. El ayuno y la oración simplemente me dieron más tiempo para esperar en Dios.
“Mientras esperaba en Dios, no predique en contra de nada. Comencé a predicar lo que decía la palabra. Los católicos tenían una canción que hablaba de la sangre así que la adoptamos como nuestra canción lema y empezamos una campaña de evangelización. Al oír la canción, la gente nos creía católicos, y se acercaba. Cuando nos preguntaban si éramos católicos, decíamos que si, pero no católicos romanos. La palabra católico significa universal y nosotros creemos que simplemente hay una iglesia universal.
“Una señora que fue salva y llena del Espíritu Santo dijo: “ desde que vengo acá la misa ya no me ayuda. Raras veces voy. Creo que voy a dejarla. Que me aconseja usted?
La respuesta fue que hiciera según dios le indicara.
Luego dijo: Mire, no se porque, pero ya no recibo nada de rezar delante de mis imágenes.
Ella tenía una en cada cuarto de su casa. Recibo más retirándome y hablando en lenguas. A veces pienso que me conviene arrojarlas a la basura. Que me aconseja usted?
Se le dijo que siguiera lo que creía ser la voluntad de Dios.
Pocos días después ella dijo que las había tirado y había dejado de ir a misa. No tardó en ingresar a la Iglesia Cuadrangular.
Nuestro deseo no es enfrentarnos con nadie, sino simplemente el anunciar la verdad.
En 1942 leí un articulo en la revista La Buena Nueva Pentecostal, por un pastor que había guiado a muchos católicos a Cristo.
Él dijo que nunca acusa a ningún católico de estar herrado. El discutir la sobre la religión es una perdida de tiempo. Él decía: busco donde estar de acuerdo con ellos. Les digo que creo en María más que ellos. Les muestro en el libro de los hechos que María fue al aposento alto y fue llena del Espíritu Santo. Les digo que yo la seguí allá y fui también lleno del Espíritu Santo. Al ver que María fue allá, ellos quieren ir también. No les digo que primero tienen que ser salvos. Les digo que se arrodillen y no les importa arrodillarse. Entonces oramos. Les pido que primero hagan la oración del pecador, y de allí los llevo al punto de recibir el Espíritu Santo y el hablar en otras lenguas.
En la última iglesia en la que he ido pastor, visité a un matrimonio. La mujer era creyente, pero el marido no, le invité a asistir a los cultos. Él dijo: “No quiero ir. Cuando voy al culto me siento compungido”
Esto e lo que deseamos.
Esta misma mañana en el desayuno mi señora me pregunto porqué no dejaba esto y aquello para buscar la salvación. Sin saberlo ella, los he dejado por semanas enteras, pero siempre vuelvo a ellos.
Él no necesitaba dejar nada para ser salvo. Si confesares con tu boca que Jesús es el señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levanto de los muertos, serás salvo.” Esta es la confesión del pecador que vale. Es culpable de un solo pecado ante los ojos de Dios: de rechazar a Jesús Cristo como señor y salvador. Dios demanda que confesemos el señorío de Jesús.
El demandar que un pecador confiese sus pecados antes que Dios pueda hacerle una criatura nueva, es como si el gobernador de un estado le dijera a un criminal encarcelado: “ voy a ponerle en libertad condicional si confiesa que está en la cárcel.” Es un hecho patente. Es también patente que el pecador es un hijo del diablo. Lo que tiene que confesar es el señorío de Cristo. Tiene que dejar que Jesús domine su vida diaria. El confesar el señorío de Jesús es el mismo corazón del evangelio.
Observe que se ha de confesar con la boca. La confesión tiene que ser verbal, los labios forman las palabras. Confesar no es solo para beneficio nuestro, sino para los que están alrededor.
En cierta ocasión un hombre de Dallas me dijo; “ los hombres tenemos un culto matutino de oración todos los días antes de ir al trabajo. Hace seis meces que un hombre viene cinco días a la semana y ora, pero aun no es salvo. Me parece que podemos ayudarle”
En una clase especial de estudio se me presentó este hombre, y al momento supe lo que le pasaba. Durante los testimonios le dije: “póngase de pie y testifique y confiese que es salvo.”
Sobrecogido miró alrededor, tartamudeo y el fin dijo: “ pero no soy salvo todavía”
“ en la mano tiene su Biblia”, le dije. Ábrala en Romanos 10:9-1º y léala en voz alta.
El leyó: “ que si confesares con tu boca que Jesús es el señor, y creyeres en tú corazón que dios le levanto de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”
Le hice repetir la última frase: “ pero con la boca se confiesa para salvación” y le dije: “ de cierto usted no puede ser salvo a menos que confiese. Es con la boca que se hace la confesión Entonces póngase de pié y confiese que es salvo”
“ Pero no me siento salvo”
“ Claro que no. No puede sentir lo que no tiene. Y no puede tenerlo hasta confesarlo”
“ No tengo ganas de hacerlo”
“ Entiendo que hace seis meces que usted viene a esta iglesia y ora”
“ Ya lo creo. Hace seis mece que me lamento y me arrepiento”
“ Todo lo que le hace falta es apoyarse en este versículo. Póngase de pié y confiéselo”
“ Bueno, creo estos versículos, que Jesús murió por mis pecados y que fue levantado de los muertos. Dios le levantó para justificarme, y así le acepto como mi Señor y le confieso como mi Señor”
Se sentó abruptamente. Más tarde me dijo que cuando confeso, algo paso dentro de él.
“sí” le dije, “ la vida eterna fue dad a su espíritu”
San Mateo 10:32-33 dice: “ a cualquiera, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que esta en los cielos. Tiene que haber una confesión pública porque así que se rompe con el mundo.
Es un cambie de señorío lo cual define nuestra posición. La confesión del señorío de Jesús nos pone inmediatamente bajo su vigilancia, cuidado y protección.
La segunda clase de confesión es la del creyente cuando ha perdido su comunión con Dios.
En el momento en que pecamos perdemos nuestro testimonio. El pecado apaga la luz. La fe tiembla en la oscuridad de la comunión perdida. En el Salmo 137 tenesmos una figura de la comunión perdida, Israel había pecado y se hallaba en cautividad. Se acordaron de Sión y colgaron sus arpas sobre los sauces. Cuando sus enemigos les pidieron un cántico, se lamentaron. “ Cómo cantaremos cántico a Jehová en tierra de extraños?” Salmo 137:4 He aquí un cuadro de la comunión perdida, la fe no tiene canción cuando la comunión se pierde.
En 1ª de San Juan 1:3-7 leemos,: “ lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz , y no hay ninguna tiniebla en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Nótese que la palabra “comunión” se menciona cuatros veces en estos versículos. Estas palabras no están escritas para el pecador. Están escritas para el creyente: primero, para amonestar que no se pierda la comunión; y segundo, para mostrar cómo volver a tener la comunión. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, él dice que mentimos. Es decir que si no tengo comunión y digo que estoy bien, falto a la verdad. Si digo que no he cometido pecado y sin embargo, no hay comunión, será que mi fe es débil. Entonces dice él que si confieso mis pecados, él es fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad.
Si usted ha pecado, lo sabe. Si no lo sabe, no busque nada para condenarse. Cuando persiste en condenarse, usted se roba a si mismo de fe. Cuando peca, lo sabe. Tenemos por dentro un monitor que nos dice cuando hacemos mal. Si usted ha herrado, no espere. Diga sin tardar: “ Señor, he transgredido, perdóname.” El lo hará y usted seguirá andando en comunión.
En el momento que confieso mis pecados, él me perdona y estoy en su presencia como si yo no los hubiera cometido. No necesitamos confesar nuestros pecados repetidas veces. Esto produce debilidad, duda y remordimiento en nuestro espíritu.
Una vez confesados, él los ha perdonado y olvidado. Luego usted debe olvidarlos. “ Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” Isaías 43:25. si él no recuerda aquello que quebrantó su comunión, ¿ porqué quiere recordarlo usted? No es Dios quien le condena. Es Satanás tratando de acusarlo. El hebreos 8:12 leemos: “ Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordare de sus pecados y sus iniquidades”
He oído a algunos decir: “no sé si el Señor me sanará o no. He pecado. He fracasado.” Pero Dios ha dicho: “ Será propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.” Si usted ya ha pedido perdón, el no se acuerda que usted ha hecho mal.
El creyente debe tener la voluntad de perdonarse, así como Dios tiene la voluntad de perdonarle. Muchos se han robado la fe porque no quieren perdonarse así mismos. Se mantienen en un estado de condenación y les roba su fe.
Nótese Santiago 5:14-15: “¿Está alguno enfermo entre vosotros?” Llame a los ancianos de la iglesia, oren por él, ungiéndole con aceite en el Nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” Al usar esta escritura para enseñar la sanidad divina, a veces no leemos la ultima frase.
Hace algún tiempo que estaba en oración por cierto individuo que yo sabía estaba envuelto en pecado. Sabía que volvía a tropezar en cierta cosa. En mi oración dije al Señor: “ Pues ¿qué de este sujeto? Ves que ya tiene costumbre.”
El Señor me dijo: “¿crees que yo requería algo de ti que yo mismo no hiciera? Pedro dijo: Maestro, si mi hermano peca contra mí, ¿ Cuantas veces debo perdonarle, hasta siete veces? Yo contesté no hasta siete veces, sino setenta veces siete, lo cual es cuatrocientas noventa veces. ¿Requeriría algo de ti algo que Yo no haría?”
“ No”, le dije, “ sería injusto y tu no eres injusto.”
“ Entonces, perdonaré al hombre”, me dijo. “Sigue, ora con él.”
A veces pensamos: “Aquel ha hecho mal. Va a cosechar el resultado de su maldad. Está enfermo ahora que ha hecho mal.” La comunión quebrantada puede causar la enfermedad; pero el Señor dice: “ Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.”
Algunos destruyen su propia fe. Cree que van a permanecer en el hecho de dolor porque han pecado. Pero Dios dice: “ La oración de fe salvará al enfermo y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados le serán perdonados.” Hay perdón en la sanidad.
En cierta ocasión con motivo de una convención, predicaba estos términos. El jefe del distrito me dijo: “ Tiempo atrás no hubiera estado de acuerdo con lo que enseña usted, pero sucedí que estábamos edificando una iglesia. No contábamos con muchos hombres, las mujeres llevaban el peso de las finanzas.
Teníamos un hombre dueño de un negocio y bien acomodado, pero el daba una miseria a la obra habiendo bien nuestras necesidades. Sucedió que me llamó este por teléfono a las dos de la madrugada. Se había roto el tobillo. Su vecino católico Romano estaba con él, y al hablar sobre el asunto de la sanidad, el vecino opino que si oraba por el accidentado, Dios lo sanaría. En mí opinión, Dios no lo sanaría, por su infidelidad. Pero me vestí y fui a su casa. Impuse la mano en su tobillo y dije: Dios, sánale ahora en el nombre de Jesucristo. En mi espíritu supe que fue sanado. Saltó de la cama y caminó bien. Volví a casa sin entender porqué Dios lo sanó. Entonces el señor me recordó la escritura: El Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le será perdonados. Yo sabia que el hombre había orado y pedido el perdón de Dios. Le oí orar: Amantísimo Dios, perdóname todo mi mal.”
El jefe del distrito siguió: “ La iglesia creció, pero cuando estalló la guerra, aproximadamente la mitad de la membresía fue trasladada, y el estado financiero de la iglesia fuñe puesto a prueba. Entonces este hombre se presentó y asumió los pagos, hasta la suma de 4.000 dólares.”
Hebreos 10:1-4 dice: “ porque le ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían y más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memorias de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.”
Vemos aquí que la sangre de los toros y de los machos cabríos no podía quitar los pecador. Simplemente podía taparlos. El pecado quedaba en el corazón y con él la conciencia del pecado.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Usted no debe tener más remordimiento. Dios no lo retiene: ¿por qué lo hace usted? Ahora, usted puede ver con qué confianza podemos acudir en oración y saber que él nos oye.